
Por motivos laborales me he pasado toda esta semana en Valencia.
No, no me envidies. Lo único que no he visto en la ciudad de Valencia ha sido precisamente la ciudad de Valencia.
Me dá mucha rabia, pero el caso es que casi siempre es así.
Llego a una ciudad, me presento ante el gerente o jefe de turno, recabo información sobre las tareas a cumplir, me dan cumplida cuenta de mi misión -siempre es la misma, facturar más euros a la empresa- y me tiro de lunes a viernes de un lado para otro corriendo como un poseso para no llegar a ningún sitio, y con muy poco tiempo para respirar. De hacer turismo, ni en sueños. Como mucho, un par de tragos después de cenar; y no todas las noches, claro.
Es decir, que hay veces que me dá lo mismo estar en Valencia, que en Zaragoza, que en Vitoria que dónde Tomasito perdió la alpargata.
Tampoco me quejo. En peores garitas me ha tocado hacer guardia.
El caso es que uno de los días tuve que pedir un taxi para llegar a la oficina.
Ocho kilómetros desde dónde estaba en ese momento.
Ocho kilómetyros de ¿conversación? con un sujeto que estaría encantado de abrir la espita del gas con el que exterminaban a personas en los campos de concentración alemanes. O disparar al entrecejo de los asesinados por los falangistas en los muchos "paseos" que dieron por toda la geografía española. O machacar con electrodos los genitales de cualquier nacionalista independentista periférico.
Él no fué así de explícito.
Tampoco hizo falta que lo fuera.
Esas acciones siempre las lleva a cabo alguien.
Sí, es cierto, las llevan a cabo ejecutores que obedecen órdenes de las llamadas instancias superiores. Pero ellos ya son ejecutores. De nacimiento o por deformación.
Pero ellos ya son ejecutores.
Seguro que Azuara sabe de algún estudio científico que hable de ello.
Los grandes pensadores -así los llamó él- para el desarrollo intelectual de tal sujeto son: Federico Jiménez Losantos, César Vidal y Pío Moa.
En el asiento del copiloto, un periódico.
En el equipo de radio, una emisora.
Escuchándola de diez a doce horas al día.
Foto: ferminet
Reedito: Veo que no andaba yo muy descaminado con lo de los experimentos científicos que miden la capacidad del ser humano para causar daño. Vía menéame descubro éste inquietante experimento.
¿Tú que hubieras hecho?