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De forma sorprendente ha saltado a los medios de comunicación de todo el estado español la noticia de un posible caso de torturas practicadas por miembros de la Guardia Civil sobre la persona de un sospechoso de pertenencia a ETA.
Lo sorprendente no es la noticia en sí, ya que episodios similares de torturas en dependencias de las Fuerzas de Seguridad del Estado son frecuentes (pdf). No solo con los sospechosos de pertenencia a ETA, pero sí de manera especial sobre este colectivo de detenidos por lo sistemático del procedimiento. Lo sorprendente es que la casi totalidad de los medios de comunicación en toda España se hayan hecho eco. Supongo que la filtración del parte médico del detenido, publicado por la edición digital de Gara, hacía que seguir mirando para otro lado hubiera sido del todo bochornoso y una prueba demasiado evidente de la aquiescencia que la inmensa mayoría de estos medios y de nuestra sociedad también -¿porqué no reconocerlo?- mantienen sobre la tortura que se practica en España.
De momento, tan solo el sospechoso, y quienes en todo el proceso de la detención han estado con él en las dependencias de la Guardia Civil, saben a ciencia cierta lo que ha ocurrido realmente. Pero esto no impide que, al poco de darse a conocer el caso, cada uno de nosotros, tú y yo también, tengamos una opinión formada -o inducida- al respecto.
A tí, que visitas este rincón de la blogosfera de manera habitual, no es necesario que te aclare que no soy ningún experto en procedimientos de detención de sospechosos de pertenencia a ETA, ni experto en procedimientos de investigación judicial. Pero eso no significa que me chupe el dedo o me haya caído ayer de una higuera.
Para quien haya visto más de una vez un control de carretera de los Grupos de Acción Rural de la Guardia Civil (Grupos Antiterroristas Rurales), las declaraciones del Ministro de Interior del Gobierno de España, Alfredo Pérez Rubalcaba, le han sonado, como poco, a una manipulación de la realidad. O ha pensado que son mentira, sin más. Cuando los GAR establecen un control de este tipo, rara vez lo hacen como un ejercicio de probar suerte, o un simulacro de entrenamiento. Cuando los GAR establecen un control de carretera es porque las informaciones de que disponen, fruto de investigaciones o delaciones, apuntan bien a las claras de que por el punto donde se tienen que situar hay un elevado porcentaje de probabilidades que circulen sospechosos de pertenencia a ETA con una misión encomendada. En muchísimas ocasiones en estos controles no sucede nada y la misión queda frustrada y otras veces consiguen el objetivo perseguido. Pero estas dos probabilidades no se conocen a ciencia cierta hasta que no ha transcurrido el tiempo previsto. Mientras esta circunstancia no se produce, la preparación de "la emboscada" es concienzuda, no dejando flecos sueltos ni improvisando situaciones que puedan dar al traste con el trabajo. Un control de carretera de los GAR no es un control de alcoholemia, ni un control de velocidad, ni un control de teléfonos móviles. En un control de estas características, cuando has llegado al punto donde debes detenerte, ya has dejado atrás a varios miembros de la Guardia Civil, semiocultos y perfectamente armados y preparados -muy preparados- para cualquier contingencia, tapando todas las posibles rutas de escape, que suelen ser muy pocas. Cuando has llegado al punto donde debes detenerte, tienes enfrente tuyo a guardias civiles, fuertemente armados también, que escrutan el interior de los vehículos a la búsqueda de un signo de vacilación, una mirada huidiza, un gesto sospechoso, un detalle que les llame la atención. Los vehículos todoterreno de la Guardia Civil sirven de barricada, dejando un único y estrecho espacio para que circulen los automóviles que van controlando de uno en uno. Si te dan el alto -en ese momento la velocidad de tu vehículo raramente puede exceder los diez kilómetros por hora-, paras inmediatamente. Estás en el centro de un embudo, estás rodeado por decenas de guardias civiles fuertemente armados y dispuestos. Y lo sabes. Si tienes algo que ocultar o temer, date por jodido.
Más arriba he dejado escrito que al poco de conocerse el caso, cada uno de nosotros ya tenía una impresión sobre la veracidad de las posibles torturas que ha sufrido Igor Portu. Mi parecer me quedó mentalmente fijado en el momento que he oído en televisión y leído en algunos medios digitales al Ministro de Interior del Gobierno de España declarar que, en el momento en que la Guardia Civil pide a los sospechosos que abran una mochila, estos echaron a correr.