Además de por la falta de tiempo, he rehuído escribir nada sobre las elecciones generales del 9 de Marzo porque pienso que hay una saturación de información al respecto. Y muchísima más de desinformación, aunque ese es otro tema que trataré cuando pueda y me apetezca.
Pero no quiero dejar pasar la ocasión para añadir más confusión al ruedo y aportar mis propias paranoias, que para mí son las más importantes de todas aunque a tí te importen un bledo. O al menos deberían importarte lo suficientemente poco como para que no las tengas en cuenta y el próximo domingo hagas lo que debas hacer, independientemente de los pildorazos que te hayan encasquetado con especial saña en estas últimas semanas. Parece mentira que con todo lo que ya sabemos, los partidos políticos necesiten gastar las cantidades de dinero que gastan tratando de convencer a no se sabe bien quien sobre la opción que debe tomar, y que tal decisión ha de tomarla en función de la cantidad de circo que sea capaz de soportar y creer. Como si los partidos que concurren a las elecciones no fueran ya conocidos y como si no tuvieran una trayectoria de actuación que sea suficiente como para tomar decisiones sin necesidad de que nos tomen por más imbéciles de lo que ya nos toman el resto del tiempo. O como si los bancos que conceden los créditos a los partidos no tuvieran otra forma de tener a los dirigentes políticos cogidos por la entrepierna para que los beneficios financieros sigan pulverizando records año tras año, haya bonanza económica o estemos a las puertas de una recesión.
Pero hete aquí que este gran espectáculo circense en el que han convertido una pretendida democracia necesita hacer saltar todos los payasos a la pista para luchar denonadamente en la consecución del voto indeciso. Es cierto que tambien hay idealistas proclamando sus consignas en pos de la consecución de un mundo mejor, pero son pocos, casi no se les hace caso y sus opciones dentro del actual sistema pasan únicamente por arrimarse al Poder y gritar muy fuerte y en momentos muy puntuales para que se les tenga alguna vez en cuenta. Normalmente para decisiones de poco calado pero muy llamativas de cara a la galería.
Pues muy bien señores y señoras. Quien este blog suscribe sigue en la indecisión. Y la indecisión abarca únicamente tres posibilidades de actuación el próximo día nueve de marzo:
1- Me abstengo de ir a votar. Es una posibilidad que no tenía contemplada, pero desde que los partidos mayoritarios, con la impagable ayuda de la judicatura a su servicio, decidieron dejar sin opción de voto a cerca de 200.000 personas bajo la peregrina y, si no fuera por la gravedad, cómica acusación que son terroristas, es algo que me dá vueltas por la cabeza. Jamás hubiera optado por votar al partido que los representaba, pero me escuece en la conciencia estar con la palabra democracia y derechos humanos en la boca y a la primera oportunidad dejar tiradas a personas que están siendo ninguneadas no por lo que han hecho, que no han hecho nada reprobable en su inmensa mayoría, sino por lo que no han condenado. Si por no condenar actos de violencia hubiera que dejar sin el derecho al voto a alguien, creo que hace años que se podría haber empezado por ilegalizar el partido que parte como segundo favorito a la consecución del triunfo electoral,, herederos ideológicos de un régimen genocida que no ha expiado aún -y probablemente ya nunca lo haga- las atrocidades que cometieron cuando la fuerza de sus armas se impuso sobre la voluntad del pueblo. Y ya metidos en harina se podría condenar tambien al partido que parte como primer favorito a la consecución del triunfo electoral y que no hace tantos años formó a escuadrones de la muerte que respondieran a la violencia con más violencia. Y de paso, que algunos participantes en el plan vieran crecer su patrimonio a expensas del dinero de todos y con la excusa de la lucha antiterrorista. Pero claro, de estos dos ejemplos no es correcto hacer memoria ¿no?
2- Voto a quien siempre he votado -cuando he ido a votar- e Izquierda Unida no pierde un voto por mi indecisión. Es otra de las opciones que barajo. Y si no estoy plenamente convencido es por la incertidumbre de a qué IU estoy votando. La confluencia de corrientes dentro de la coalición es tan amplia y dispar sobre asuntos importantes que tengo dudas que el voto que deposite hoy vaya para el partido que exista/sea mañana. Es cierto que es el partido político con que más afinidades encuentro, pero es cierto tambien que de vez en cuando ni los reconozco. No sé como explicarlo, porque no soy un seguidor minucioso de los aconteceres cotidianos de la política, pero es una sensación de quemazón e incertidumbre que no me abandona.
3- Doy mi voto a Aralar, por los que siento cierta simpatía, y de paso le doy en los morros a PSOE, PP y Herri Batasuna, que me tienen hasta los güevos. Esta opción cada vez va creando más cuerpo. Me atrae el proyecto político de Aralar y su apuesta por el socialismo; pero la opción netamente independentista no me acaba de convencer. Aunque debo reconocer que, según que día que me lo preguntes, tengo dudas.
De lo que sí que estoy seguro es que la decisión que tome al final será una decisión muy meditada y, para mí, la más acertada. Como una gran acierto es abstenerme para la elección de los representantes del Senado.